LA EMPRESA FUNERARIA: Entre el capital social benigno y perverso.
La empresa funeraria como agente social no solo
cumple un rol importante para las familias que sufren una pérdida sino que es
un actor muy necesario dentro de una comunidad. Su labor cumple un papel fundamental
en la cohesión social, en el acompañamiento psicológico y emocional como también
en los rituales religiosos y culturales.
Parte de su rol está en la cooperación con
otras organizaciones sociales como instituciones religiosas, hospitales y otras,
constituyéndose en un agente clave en la sociedad abarcando tanto el servicio
profesional como el compromiso ético y humano con su entorno.
En sociología,
el capital social se refiere a los recursos (información, apoyo, confianza,
normas) que están disponibles para las personas o grupos a través de sus redes
sociales y relaciones.
Robert Putnam,
sociólogo norteamericano, en su obra Bowling Alone (2000), clasifica el capital
social en dos tipos:
Capital social
de enlace o vínculo: son las relaciones entre personas similares (familia,
amigos cercanos) de la misma edad, religión, raza, etc. Observándose sobre todo
en comunidades pequeñas y tradicionales.
Capital social
de puente: relaciones con personas distintas que permiten acceder a nuevas
oportunidades.
“Las comunidades con una reserva sustancial de capital social son comunidades con mejor gobernanza, menos criminalidad y ciudadanos más felices y saludables.”
Robert Putnam, Bowling Alone: El colapso y el
renacimiento de la comunidad estadounidense (2000).
Para desarrollar capital social se hace necesario crear confianza en la labor que se realiza, en este caso hablaríamos de confianza comunitaria y en relación con los clientes que solicitan el servicio, al obtener esta confianza se hace más fácil manejar situaciones emocionales delicadas.
Es importante la
formación de redes locales con las asociaciones de vecinos, iglesias,
hospitales, proveedores de ataúdes, floristerías, empresas de seguros, etc.,
que cooperan con el intercambio de información y el acceso a clientes.
Mantener las expectativas culturales cumpliendo con rituales en torno a la muerte y hacer lo que el cliente espera del servicio provee de legitimidad social, ya que son los clientes que dan esa legitimidad, también es clave la percepción que tiene la comunidad ya que la imagen a proyectar debe ser de confianza y empatía.
Las empresas funerarias se desenvuelven en un mundo altamente competitivo por lo cual si generan un alto capital social pueden ser más resilientes ante las crisis como ocurrió en la pandemia donde la confianza jugó un importante papel en este sentido.
Se hace
necesario aprender nuevas maneras de organización usando la inteligencia
emocional y social, haciendo alianzas y fortaleciendo sus redes a través del
intercambio continuo de información lo que hará que se fortalezca la confianza.
Sin embargo, el capital social tiene otra cara, la denominada capital social perverso, del cual poco se escribe. El concepto de capital social perverso es una crítica al capital social tradicional o benigno, el sociólogo Alejandro Portes es uno de los más reconocidos por trabajar específicamente este concepto estudiando las consecuencias negativas que pueden derivarse del capital social. El capital social perverso se refiere a esas redes sociales que en vez de generar beneficios producen y fomentan prácticas dañinas, ilegales o excluyentes.
“No todo capital social es beneficioso. Las
mismas redes que permiten a algunos avanzar también pueden usarse para excluir
a otros, reforzar normas opresivas y limitar la movilidad social”. Alejandro Portes, en “El
capital social: sus orígenes y aplicaciones en la sociología moderna” (1998)
Las relaciones
de confianza que se construyen al formar capital social perverso pueden tener
fines destructivos para la comunidad o sociedad y es común verlo en grupos
clientelares, bandas delictivas, mafias, etc. Además la cohesión social que
promueven persiguen fines poco éticos.
Las mismas
variables que hacen fuertes a las comunidades pueden usarse con fines dañinos
para la misma comunidad dependiendo de los valores y metas de los grupos.
Pudiera
suceder que una empresa promueva un capital social benigno pero que después
comience a excluir a personas o a perjudicar a los que no pertenecen al grupo,
también puede ser que haya favoritismos dentro de los integrantes o incluso
lealtades que escondan o apoyen actos de corrupción que contradigan los
principios básicos con que ha sido creado.
Ejemplos de
esto se pueden ver en cualquier empresa, grupo o comunidad y la empresa
funeraria no escapa a esta posibilidad.
También ocurre
que algunas veces los efectos negativos del capital social se dan sin ninguna
mala intención, se pueden dar por un exceso de solidaridad grupal, mucho
conformismo y resistencia a los cambios, lo que genera que se creen efectos
negativos del capital social.
Un ejemplo de capital social perverso sería el de una empresa funeraria que apoyada por funcionarios locales o empleados cometan actos delictivos como por ejemplo no cremar los cuerpos, esconderlos y entregar cenizas falsas a los deudos para de esta manera hacerse con los beneficios. Hacerle daño a la comunidad intencionalmente, ganarse su confianza para luego defraudarlos y tener redes de complicidad es sin duda capital social perverso pero si la empresa funeraria actúa de forma aislada sin redes de complicidad, escondida y con miedo a ser descubierta no es capital social perverso sino actos de fraude o corrupción simplemente.
En resumidas
cuentas el capital social no siempre es positivo, dependerá del uso que se le
dé, de quiénes lo producen y controlan, de quiénes se benefician y de qué
manera. Saber reconocer esta dualidad del capital social es muy importante para
analizar los procesos sociales y políticos en donde se produce, de manera de
poder prevenir las consecuencias negativas de su mal uso. Producir capital
social benigno es la mejor forma de hacer crecer a una empresa, fortaleciendo
la relación con los clientes y redes institucionales, creando cohesión social,
confianza y sobre todo trabajando con ética y responsabilidad.
Comentarios
Publicar un comentario