EL OFICIO DE CUIDAR LA AUSENCIA
El Día
Internacional de los Trabajadores suele centrarse en oficios
visibles, productivos o ampliamente reconocidos en el sentido clásico. Sin
embargo, rara vez se detiene en quienes trabajan con la muerte, trabajadores
esenciales que sostienen una parte importante de la sociedad.
Esto lleva a pensar que hay oficios casi
invisibles socialmente, que preferimos no mirar. Me refiero al personal
funerario, técnicos de morgue, médicos forenses, personal de cementerios y
operarios de crematorios, entre otros.
Convivir diariamente con la muerte implica formar
parte del procesamiento del duelo ajeno, sensibilizarse con el dolor del otro y
desarrollar una profunda empatía hacia quienes atraviesan una pérdida. También
supone una carga emocional significativa y un desgaste psicológico que, muchas
veces, acompaña este tipo de trabajo.
Hace muchos años tuve la oportunidad de realizar
una investigación en una funeraria cooperativa. Allí entrevisté a uno de los
preparadores, quien me relató algo que me conmovió profundamente:
“Aquí trabajamos dos preparadores de cuerpos y
nos turnamos en horarios diferentes. Una vez me llamaron para preparar el
cuerpo de un niño de un año. Su mamá había traído la ropa: lo iban a vestir de
angelito; incluso había unas alas que debía colocarle. Cuando entré a la sala
de trabajo y lo vi, no pude contener el llanto. Realmente parecía un pequeño
ángel, dormido, con una expresión de paz en su rostro que me conmovió
profundamente. Al verlo, no pude dejar de pensar en mi hijo, de la misma edad.
Eso me afectó tanto que no pude realizar la labor y tuvo que venir mi
compañero. Fue una de las pocas veces en que no pude cumplir con mi trabajo;
incluso me amonestaron por ello. Fue una experiencia muy fuerte”.
El impacto psicológico que vivió este trabajador
muestra cómo las emociones y la empatía pueden llegar a desbordar incluso a
quienes están acostumbrados a estas tareas. El pensar que podría ser su propio
hijo le impidió continuar. Esto demuestra que este tipo de labor no es
sencilla: no todos logran mantener una distancia emocional frente a lo que ven,
especialmente cuando se trata de niños. Y, sin embargo, el trabajo debe
continuar.
Una obra que retrata con sensibilidad este oficio
es la película Despedidas (Okuribito)
(2008), ganadora del Oscar a mejor película extranjera. Narra la historia de un
violonchelista desempleado que regresa a su pueblo natal y encuentra trabajo
como preparador de cuerpos según las tradiciones japonesas. Allí aprende el
arte del nokan, que consiste en limpiar y preparar a los
fallecidos en presencia de sus familias. Aunque este trabajo le genera
conflictos personales y sociales, también le permite descubrir que la vida y la
muerte van de la mano, y que el contacto cotidiano con ella ofrece valiosas
lecciones sobre lo que significa vivir. Es una película que siempre recomiendo
por la profundidad y belleza de su mensaje.
Reconocer a estos trabajadores también enaltece
la vida en sociedad. Implica revisar nuestra relación con la muerte y entender
que no se trata solo de un tema laboral, sino también cultural.
Que este 1º de mayo sea una oportunidad para
reconocer y valorar su labor. Para incluir a quienes trabajan en los márgenes
de lo visible. Para comprender que su tarea no solo cierra historias, sino que
también ayuda a otros a seguir adelante.
Cuidar la muerte es la manera más humana de
cuidar la vida.
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