DUELO TARDÍO
Hay dolores
que necesitan esperar para poder ser sentidos
Solemos pensar
que el duelo ocurre en el mismo instante en que ocurre una pérdida. Esperamos
lágrimas , silencio o una tristeza visible. Sin embargo, la experiencia humana
no siempre sigue ese orden. Hay personas que continúan viviendo, organizando,
buscando, cuidando y solo mucho tiempo después descubren que el dolor seguía allí
aguardando el momento en que pudiera ser vivido.
Los
especialistas suelen hablar de “duelo diferido” o “duelo retardado. He preferido
llamarlo duelo tardío porque expresa con sencillez una experiencia profundamente
humana: el dolor que no llega cuando ocurre la pérdida, sino cuando la vida,
por fin, encuentra un momento para sentirlo.
Hay personas
que lloran en el mismo instante en que reciben la noticia de una pérdida. Otras
permanecen en silencio. Organizan el funeral, reciben a los familiares, hacen
llamadas, resuelven trámites, consuelan a los demás. Quienes las
observan suelen admirar su fortaleza o, en ocasiones, cuestionar la
aparente ausencia de dolor. Sin embargo, nadie sabe con certeza qué sucede en
el interior de quien acaba de perder a un ser amado. Con
frecuencia, el impacto es tan grande que la mente necesita protegerse para
poder seguir adelante. Es como si anestesiara temporalmente el dolor.
Según el
psicólogo J. William Worden el duelo se cumple en cuatro tareas: Aceptar la
realidad, procesar el dolor, adaptarse a un mundo en donde la persona ya no
está y encontrar el modo de mantener el vínculo mientras se continúa
viviendo. Sin embargo, en el duelo tardío la segunda tarea, procesar el dolor,
queda suspendida hasta que algún acontecimiento vuelva a despertarla: una
canción, un aniversario, una fotografía. En
algunos casos puede durar meses antes de que aparezca una tristeza profunda.
Las personas
que pierden seres queridos de modo inesperado o violento como en un
terremoto o un deslave, el trauma de lo ocurrido puede retrasar el proceso de
duelo, dando la impresión de ser personas muy fuertes porque pocas veces se los
ve llorar. Están ocupados tratando de encontrar a sus familiares. Si alguien
les preguntara cómo pueden mantenerse tan serenos, probablemente responderían
algo que desconcierta por su sencillez: “Lloraré cuando lo encuentre y no
descansaré hasta darle sepultura”.
Algo semejante
ocurre con quienes deben identificar un cuerpo, organizar un funeral o cuidar
de otros familiares en medio de la tragedia. Durante ese tiempo no dejan de
amar ni de sufrir. Lo que sucede es que toda su energía está orientada en
sostener la vida; después llegará el momento de sentir plenamente la ausencia.
La mente no elimina el dolor, lo coloca en un lugar en donde no impida hacer lo
que resulte urgente.
En nuestra
cultura se suele pensar que el dolor tiene fecha de vencimiento y que,
transcurrido cierto tiempo, ya no debería hacerse presente. El duelo no avanza
siguiendo los meses del almanaque, sino el ritmo con el que cada persona logra
concientizar aquello que cambió para siempre su existencia.
Deberíamos ser
más prudentes antes de juzgar a quien no lloró cuando todos esperaban que lo
hiciera. No conocemos las fuerzas que estaba reuniendo para sostenerse y
tampoco sabemos qué responsabilidades ocupaban entonces sus manos ni cuánto
esfuerzo requería simplemente permanecer de pie. La ausencia de lágrimas nunca
ha sido una prueba de ausencia de amor.
Con frecuencia
creemos que el duelo comienza cuando aparecen las lágrimas. Tal vez sea al
revés, tal vez el duelo empiece mucho antes: en la búsqueda desesperada, en la
espera, en el cuidado, en el silencio, en la necesidad de seguir respirando
cuando la vida exige continuar. El dolor no siempre llega cuando ocurre la
pérdida; a veces llega cuando la vida, al fin, nos concede el tiempo para
sentirla.
El ser humano
no siempre llora cuando pierde; a veces llora cuando ha cumplido el último acto
de amor.
Porque el amor
es la única experiencia humana capaz de vencer al tiempo: sigue dando sentido a
una presencia, incluso cuando esta se ha convertido en ausencia.
Comentarios
Publicar un comentario